Mecanismos incorrectos

Hay personas que funcionan de otra manera, que son más complicadas. Les cuesta mucho decir según qué cosas. No todo el mundo lo entiende. Quizá porque en realidad es difícil de entender. Estas personas también vienen con sentimientos, aunque no lo parezca. Pero a veces, no son capaces de expresar lo que llevan dentro. Y en otras ocasiones, se lo guardan. Normalmente porque ya les han hecho daño antes. O porque creen que la respuesta que van a obtener de quien les interesa será un no.

Esta gente quiere avanzar, y no puede. Y se frustran. De modo que no hacen nada. Se quedan ahí, parados, en stand-by, creyendo erróneamente que el tiempo pondrá las cosas en su lugar… O a lo mejor creyendo acertadamente. Y es que igual lo pone en su lugar, solo que no es el que ellos creían que debía ser. Imagino que si no muestran interés de un modo más serio, si no son capaces de decir que sienten otro tipo de atracción, o si una vez dicho se impacientan, lo lógico sea que se vayan de vacío; habiendo perdido con ello un tiempo precioso.

Para estos sujetos fue una mierda en su día perder lo que tuvieron, y ahora es una mierda perder lo que ni siquiera han tenido. O lo que sí tienen pero no como aspiran a tenerlo. O lo que sin darse cuenta tal vez tienen solo que de una forma diferente.

Hay que hacer algo con ellos.

Por fortuna, la mayoría de estos individuos están rodeados de amigos que les demuestran amor. Y que independientemente de los “te o dije”, les tienden la mano y los levantan tantas veces como sea necesario. Resulta extraño como para esas amistades son tan fantásticos, cuando ni ellos mismos son muchas veces capaces de verlo.

¿Y sabéis qué pienso? Que aunque sea por esos que siempre empujan, esta gente tiene que convencerse de que no queda otra que seguir avanzando. Y modificar comportamientos. Ni unos ni otros merecen que no levanten la cabeza…

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Para los wawers y mis hermanos de enfrente.

Aparco el blog por un tiempo. Tengo cosas que hacer.

¡Hasta la vista!

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El sitio equivocado, el momento incorrecto

Siempre a la sombra. Cuesta un mundo cuando creas barreras. Levantas un muro para que no vuelvan a hacerte daño. Nunca más. Un pasado que decidiste dejar atrás. Para siempre. Ya no más caídas por querer, por arriesgar.

Mejor avanzar solo. Si acaso tontear; y dejar que se acerque gente que en realidad sabes que no te va a gustar más allá del corto plazo. Relaciones del momento sin momentos reservados en el futuro. Si te aproximas a alguien, es porque sabes que no será nada serio. Duermes en paz.

Pero todo llega. Un día sonríes con un pensamiento. Y luego un encuentro inevitable que se te va de las manos. O más bien del pecho; las manos no se mueven. Usas la boca, la lengua. El instrumento de la comunicación es el más poderoso, es lo que aborda el alma. Que ya el físico lo ve cualquiera.

Más tarde, ya a solas, los miedos. Brotando de nuevo.

A la mente lo que te ocurrió esa vez. Y también aquella otra cuando lo habías olvidado. Sí, te volvió a suceder en más ocasiones. Así que crea cierta distancia, te dices. Piensa coño: ¡mira cuántas cicatrices! No te expongas.

Muéstrate impasible, lo que empiezas a experimentar es un error. No se lo digas. No vuelvas a condenarte. Mantente firme. Que no sepa de tus sentimientos. No es eso lo que tenías planeado, sé consciente.

¡Pero mierda! Pese a que lo niegues, te gusta. Cuando compartes tanto tiempo… Es de verdad y no puedes esconderlo.

Ni esconderte.

Tarde o temprano, queda de manifiesto, las cartas sobre la mesa. Y ya no hay retorno. Sin excusas, vas de frente.

Y se lo cuentas:

“Esto es lo que hay y me gustaría saber si hay camino.

…Contigo”.

No sé si arriesgarse te hace débil… O un valiente, por ofrecer el corazón para que hagan y deshagan.

Sé que cuando la otra persona permanece impasible, duele. Que cuando no te tiene en cuenta, duele. Que cuando tus mariposas mudan obligadas en espejismo y la sonrisa que se adueñó entonces de tus labios va menguando, duele.

Que cuando te toca renunciar, duele.

Vuelves entonces a lamerte las heridas.

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Aunque yo pregunto…

Si no se ha alegrado cuando se lo contaste, si no planteó un después, si la ventana se cerró de golpe… ¿Sigues creyendo que se trataba de la persona correcta?

En realidad no hay buenos y malos en estas historias.

Ella. O tú. Uno de los dos estaba en el sitio equivocado, o en el momento incorrecto.

Volver

A ratos sigo queriendo volver. Sobre todo por las noches, cuando lograba bajarme del mundo y no me apetecía irme a dormir.

Este blog cumple un año y tuvo un motivo de inicio…

Creo que la vida te pone delante a personas que solo estarán en la tuya durante un tiempo. El necesario. Para ti o para ellas. Es algo tan cíclico como natural. Llegan para sacudirte y limpiarte la cabeza, para que cambies tu perspectiva y te abras a nuevos horizontes. Avanzas de la mano y te sorprendes con todo aquello que desconocías. A veces es recíproco. Y en otras situaciones eres tú quien enseña. Solo que el conocimiento es limitado. De modo que un día alcanzas el umbral de la puerta de salida y termina la novedad. A partir de ahí no queda nada que mostrar. Entonces se plantean dos opciones: agarrarse y explorar lo que de repente se presenta extraño o soltarse para seguir caminando por separado.

Las amistades que se acaban, las relaciones que se cortan, el querer que no se da, la nostalgia de lo que jamás ocurrió, la incertidumbre.

Lo peor de esto es cuando una de las dos partes sabe que no hay más recorrido, o no quiere más recorrido, y la otra espera queriendo continuar. Lo peor para la última, digo.

Yo, en ocasiones…

Regreso al campo de fútbol y le digo a mi compañero que no volveremos a jugar juntos el próximo año, y solo porque debe saberlo. Acepto el abrazo sincero de una chica que me llena abril de estrellas antes de que continúe con su vida. Miro a los ojos de un camarada de instituto y me despido como debo hacerlo. Confieso a este ligue de verano que después de esta tarde ya no habrá más besos furtivos. Espero una conversación que nunca llega con mi mejor amigo porque creo que me la debe. Le confieso a la muchacha de la calle de al lado que me tuvo enamorado a mis 14, antes de que, con 23, esté abandonando el barrio. Guiño un ojo a mi abuelo a pesar de su chiste malo y le dedico una sonrisa. Le cuento a mi novia que lo sé todo, y que estoy harto de tragar y fingir, como hace ella; que mejor acabar. Busco un rato y enseño un truco al renacuajo que me idolatra en la cancha antes de marcharme a la playa con su hermano y resto de la tropa. Y mantengo la calma cuando aparece en mi vida aquello que no espero y me alegra las mañanas en la distancia en lugar de atropellarme y no reconocerme. 

Decisiones de punto y final o de punto y aparte. Decisiones que debí tomar o esperé que tomasen. En cualquier caso, actos que aclararían el panorama y restarían lastre a estos y otros recuerdos que vienen y van. Algunos con más asiduidad.

Dejar ir, que todo se difumine lentamente es de cobardes. Quisiera poder volver a tantas fechas y ser más transparente… Claro que dos personas no son solo una. Pero al menos haber hecho lo que sí dependía de mí.

¡Joder!

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Recuerdos que vienen y van. Que vienen, algunos con más asiduidad. Como el de este 20 de abril, o como el de hace justo un año…

 

“Aunque ya no,

yo sí.

Siempre.

Todavía”.

Mónica Carrillo.

No pasa nada, pero…

Hoy no voy a ser amable. No me apetece ser amable. No quiero ser amable. Estoy harto de ser amable. Y no procede ser amable…

Lo siento, pero no puedo más. Ya está bien de tanta mentira, de tanta palabrería, de tanta hipocresía… No, ya no me lo trago. Y supongo que cada vez somos más los que lo pensamos.

Hoy me dirijo a vosotras, chicas. A las que mentís. A las que os mentís. A vosotras. Porque me da que con los chicos hay poco que hacer.

Estoy enfadado. No puedo evitarlo.

Y es que habláis de una cosa y luego hacéis otra cuando os referís a esa persona que esperáis que llegue. Me aburrís. Porque cuando idealizáis a un chico no os dais cuenta de que no puede ser ese gilipollas del que acabáis enamoradas. Porque perdonad, la realidad es otra. Buscar los sábados a las 2 de la madrugada en una discoteca a tu príncipe azul no me parece lo más adecuado. Tampoco hacerlo en un gimnasio. ¿Qué puedo decir? Evidentemente yo no soy diferente. También salgo cuando puedo (y me apetece, que esa es otra) los sábados. Y voy al gimnasio siempre que el tiempo me lo permite. Pero no espero que allí esté la mujer de mi vida, sinceramente. Que puede estarlo, de acuerdo. Aunque las posibilidades son ínfimas, seamos claros. No, quizás el primer error sea el lugar.

Me cansa mucho escuchar aquello de “quiero que alguien me haga sentir especial”. Eso no es cierto; siendo objetivos la frase correcta sería “quiero que el chico que me gusta físicamente me piense especial”. O, en su defecto, “ojalá encuentre un chico con todos los atributos que me agradan y/o con los recursos necesarios que sea capaz de hacerme sentir especial”. Y ahí entramos en terreno discordante nuevamente. ¿Conocéis el motivo? Posiblemente os hagan sentir especiales por capacidad. Me explico. Yo me sentiría especial si me llevasen de viaje a París, o a Londres. Me sentiría especial si cada día pudiesen permitirse salir a cenar fuera, o asistir al teatro. Me sentiría especial conduciendo un coche de 60.000 euros. Me sentiría especial, claro que sí. Solo que no me sentiría especial por la persona, sino por lo que es capaz, con su poder adquisitivo o posición, de ofrecerme. Y después… ¿Qué? Tal vez a exista gente a la que les valga. Son justo esas personas que desde mi humilde punto de vista no valen. Igual soy un romántico que espera que exista una conexión que esté por encima de lo material, de lo posible. Quizás yo me equivoque tratando de buscar pureza. Puede ser.

Pero…

Os quejáis diciendo “no se me acerca el que yo quiero”, sin daros cuenta de que quien se acerca realmente os quiere. Sois un poco idiotas, he de decirlo. Y es que aquellos que hacen todo lo que en realidad deseáis pasan a ser vuestros amigos. Maldita “friendzone”. Estos chicos siempre están. Os atenderán a las 4 de la mañana si es necesario y os irán a buscar a la otra punta del mapa. Estos no tendrán jamás nada mejor que hacer, ni os pedirán que los llames más tarde. No. Estos además os darán su punto de vista más sincero en cualquier asunto que os preocupe pensando primero en ustedes. Y sobre todas las cosas, desearán vuestra felicidad. Esto es muy importante. Repito: desearán vuestra felicidad. Sin condiciones. No al lado suyo. No provocada por ellos. Desearán vuestra felicidad. Sin más.

Todo eso que queréis, ellos lo ofrecen. Aunque claro, ellos no son quienes queréis que lo hagan. Estúpida paradoja a la vista.

Así que la cuestión es que a estos últimos tendéis a ponérselo más difícil o directamente no darles oportunidad, incluso enfadándoos si se les ocurre sugerir un paso más. O los descartáis al primer error. Mientras que a los capullos ególatras les ofrecéis siempre otra oportunidad. Y si fallan, una más. Y si vuelven a fallar, pues otra. Descartáis a los que lo darían todo, mientras soportáis los desaires de quienes quieren todo (para ellos mismos).

¿Sabéis lo que pienso? Que mentís. Que os mentís. Si lo que buscáis es otra cosa, manifestadlo claramente y no pasa nada. Pero no digáis que esperáis algo que no es cierto. O posible donde queréis encontrarlo. Sed valientes. Que insisto, no pasa nada. Os ayudará mucho (y ayudará a los demás). No perdáis el tiempo. No hagáis que quien no os vale pierda el suyo. Y si perseguís popularidad, pues de acuerdo. Si anheláis posición, correcto. Si buscáis una figura pública, vale. Eso sí, sin mentiras.

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Sí, estoy enfadado hoy. Y no ha apetecido ser amable. Aunque os enojéis. Y es que yo solo pienso que deberíais dejaros querer por aquellos que os busquen por lo que sois. No por lo que son ellos mismos y representa vuestra compañía. Y que os respetéis. Esto es muy importante. Porque la mayoría valéis más que toda esa mierda

O eso creo yo.

Espero no estar equivocado al respecto.

Dilo a tiempo

Tengo una hermana y un puñado de hermanos. A dos de ellos me los regalaron mis padres después de haberme traído a mí antes al mundo. Supongo que conmigo practicaron para luego hacer mejor las cosas… Les salió bien; son dos tipos fantásticos. A los otros me los regaló la vida. A la mayoría de pequeño (algunos en el colegio, otros en el barrio); y luego hay dos con los que topé ya con cierta edad. A uno lo conocí en una página web caduca en la que disfruté como un enano muchos años atrás, y desde el primer momento fue como verme reflejado, solo que con otro acento. El mismo que comparte con mi hermana. De ella supe en la universidad y me costó muy poquito quererla. Fue quien inspiró este post…

Con mi hermana hablo de cuando en cuando. No soy muy amante de las llamadas, pero necesito escuchar a algunas personas cada cierto tiempo. Con ella me pasa una cosa: suelo mostrarle mi cariño muy a menudo y jamás nos enfadamos, a pesar de que muchas veces no entendamos algunas decisiones del otro. Más ella las mías, he de confesar; y es que soy un desastre, aunque eso ahora no viene a cuento. La cuestión es que siempre que nos comunicamos trato de que no se me quede nada que decirle con respecto a nuestra relación.

¿Y sabéis? Tal vez eso sea algo que debiéramos hacer con cada una de las personas que forman parte de nuestra vida.

Porque nunca se sabe. Un día, por lo que sea, no estás. O no está alguien. No me estoy poniendo en lo peor, que también. Hablo de cualquier circunstancia que haga perder la conexión. Imaginad. Nosotros con cosas en el tintero. Sin decir, sin hablar, sin soltar… Recrea en tu mente la imagen de ti mismo en ese instante en el que te das cuenta de que ya no vas a volver a conversar con esa determinada persona. Añádele la pregunta que siempre quisiste hacerle pero que posponías en el tiempo y de buenas a primeras ya no tendrá respuesta. O súmale lo que pensabas contarle cuando llegase el momento adecuado.

Momento adecuado… (¿?)

Vale, sal de esa situación. Que es una mierda no es agradable.

No sé ustedes; yo a veces, cuando me bajo del mundo y me quedo a solas conmigo, recreo escenas en las que tengo charlas con mucha gente. Que luego no se dan. Y pienso que no tendría que ser así. Ya que si llega el día en el que vas a tener que callar todo aquello que antes no dijiste, el desasosiego puede acompañarte siempre que ese alguien regrese a tu mente. Definitivamente no me parece una buena idea.

Porque un día no está. O no estás.

¿Y entonces?

Entonces nada. Salvo las dudas, los silencios, la ausencia…

Nada, salvo cosas negativas.

¿Me vais pillando? Sí, de eso se trata; hay que decir las cosas. Y si es el caso de una persona que merece la pena o quieres, decirlas bien. A pesar de que no sea agradable, de que no exista acuerdo si llegáis a discutir. A pesar de todo… Cuando vayas a dormir, ve en calma. Hoy comprendo que es casi vital no irte a la cama enfadado con quien te importa. Enfadado tú, o enfadada la otra parte. Yo he permitido que me ocurriese alguna vez; la última no hace mucho. Un error, esas semanas aún me pesan. Me duelen. Crean distancia… No, cuando llegues al catre, hazlo en paz. Que no se te haya quedado nada.

Y si significa algo, díselo. Si algo te molestó, díselo. Si tienes un plan, díselo. Si te cae bien, díselo. Lo que sea, díselo.

Sé que no suena muy positivo.

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Mirad… Ojalá todos estemos aquí mucho tiempo. El suficiente para que no se nos quede nada por decir, el suficiente para charlar de todo lo que algún día tendremos que contarnos. De lo que te apetece decirle a tu familia, a tus amigos, a esa persona que te enamora o a cualquier otra que estés deseando conocer.

Ojalá. En serio. Ojalá.

Pero el tiempo, y sobre todo la vida, no hacen pactos. No te dan oportunidades extras. No puedes echar otra moneda y seguir la partida.

Por eso yo te planteo… ¿Piensas irte hoy a planchar la oreja así?

Reflexiona antes.

Siempre te estoy diciendo que te quiero

“Dime que me quieres”. Hace años tuve una novia que me pedía constantemente que le enunciara esa frase. Me lo preguntaba una y otra vez. “¿Me quieres?” “¿Me quieres?” “¿Me quieres?” Continuamente. Yo le respondía que sí, pero su contraataque llegaba veloz. “Nunca me lo dices”. “Siempre te lo tengo que demandar”

Creo que no se enteraba de nada.

Ella era insistente. Sus te quiero me taladraban masivamente. Como si necesitase reivindicarse. Martilleo incesante. Me lo decía al despertar, mientras desayunábamos; antes de irnos al trabajo, en las tardes de películas, cuando íbamos a acostarnos… Lo recalcaba en todo momento, legitimando su sentimiento, aunque también advirtiendo. Dejando constancia. Como para que no se me olvidase. Yo eso ya lo tenía presente, sin necesidad de que me lo repitiese. Es más, nunca me hicieron falta esas palabras. Es algo que se sabe. Del mismo modo que uno entiende cuando esa misma frase deja de tener validez pese a seguir escuchándola. Cuando deja de ser de verdad. Se siente.

Yo, por el contrario, apenas se lo decía.

O en realidad sí (al menos mientras existió el sentimiento) Pero se lo decía diferente…

No obstante insisto, creo que ella no se enteraba de nada. 

Era su caso. El de esa persona. No debería tener mayor trascendencia, puesto que únicamente afecta a sus relaciones. Solo que pienso que hablamos de un asunto universal. De algo que le ocurre a mucha gente. Resulta que lo he visto más veces. Le pasa a todos esos individuos que no son conscientes.

Y es que del mismo modo que el amor no es echar polvos, sino otra cosa, hay que escuchar cuando te dicen te quiero de otras maneras. Se trata de estar atenta o atento. De entender pequeños detalles que marcan la diferencia. Porque igual que amar, por ejemplo, es decidir estar siempre sin que nadie te lo imponga o te lo pida, un te quiero es algo que se puede manifestar de diferente modos.

¿Te has parado a pensarlo? ¿Has querido entenderlos?

¿No se te ha ocurrido prestar más atención cuando alguien te dice que le avises al llegar a casa? ¿Por qué motivo querrá saber que llegaste bien? Igual te quiere. ¿Y esas mañanas en las que abres el ojo y ves un mensaje de buenos días en la pantalla de tu móvil? Resulta que se están acordando de ti. Y no, no se hace con cualquiera. Pese a que tú, yo o quien sea nos cubramos las espaldas diciendo que es normal. Imaginad que fuésemos a darles las buenas noches a todas y cada una de las personas que figuran en nuestra agenda o lista de amistades en Facebook…

No, no es eso. Pero tienes que estar alerta.

Un te quiero es ten cuidado con el coche, no cojas el teléfono mientras conduces.

Un te quiero es cuando te compran ese helado que te gusta.

Un te quiero es contar los planes, o las dudas, o las ilusiones a otra persona.

Un te quiero es cuando te desean suerte para un examen, o en una entrevista de trabajo. Es cuéntame al salir.

Un te quiero es que te hagan compañía cuando debes ir a ese sitio que no te agrada.

Un te quiero es estar en un lugar y querer sacar una foto para enviarla.

Un te quiero es un me gustaría que estuvieses aquí y pudieras contemplar esto.

Un te quiero es un te llevarías bien con este amigo mío o te reirías mucho con mi madre.

Un te quiero es un estaría encantado de cocinar para ti en alguna ocasión.

Un te quiero es frustración por no poder aliviar un dolor.

Un te quiero es un libro, una película, una canción que te digan que debes leer, ver u oír.

Un te quiero es cuando te hace partcipe de su jornada, ya sea de manera presencial o no.

Un te quiero es una botella de vino, un perro, un color, un amanecer, una ocasión especial… Todo lo que comparten contigo cuando no tienen por qué.

Un te quiero es una llamada inesperada, un mensaje a altas horas de la madrugada, un detalle que aguarda la ocasión adecuada para ser entregado.

Un te quiero es hablar hasta que uno de los dos se quede dormido.

Un te quiero es que deseen que formes parte de sus planes.

Un te quiero es cuando te miran a los ojos y no a otra parte.

Un te quiero es inspiración…

Un te quiero es un yo siempre estoy, a cualquier hora.

¿Escuchas de verdad cuando te dicen te quiero? ¿En serio? Yo no estaría tan seguro.

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Y quiero creer que a mí me lo han dicho, aunque no me haya dado cuenta. Y quiero creer que se han dado cuenta, cuando he sido yo quien lo ha dicho.

Yo quiero creer que todos decimos, y nos dicen te quiero. Más veces de las que pensamos.

Quiero creer que sabemos escuchar.

 

PD: este texto está incluido (ligeramente modificado) en el libro “Cartas a Destiempo”. Disponible, aquí: https://www.amazon.es/Cartas-destiempo-Jacobo-Correa/dp/8491601228

La importancia de cuidar lo que importa

Tengo una amiga con la que últimamente hablo menos que siempre insiste en la importancia de las relaciones personales. Suele incidir en lo profundo que resulta para ella implicarse con alguien. De lo que le cuesta porque tiene miedo a sufrir. Y no habla solamente de relaciones de pareja. Abarca mucho más que eso. Creo que se refiere al amor en general. Amor hacia las personas que de un modo u otro se ganan pedacitos de nosotros a base de estar, o de ser. De personas que van calando poco a poco en el alma y se convierten en algo que no teníamos previsto. Me gustaría ser más concreto en esto que expongo, pero me da que eso es algo que se siente y que, como también sostiene esta persona, cada cual lo vive a su manera y con distintos niveles de intensidad.

Esta teoría, a la cual me he ido abonando despacito pese a que se la discutía en un principio, nos sugiere que perder a alguien con quien mantengamos una relación afectiva de pareja (noviazgo) no tiene por qué ser más doloroso que perder una amistad en la que nos hemos apoyado en momentos que pueden habernos resultado muy duros o aquella que viene de tan lejos que no recuerdas el momento exacto de su nacimiento.

Me sirve el ejemplo real de una persona que cuando comprobó que sentía algo más serio que la amistad por otra quiso poner distancia para no dañarse a sí misma, y acabó lastimando tanto o más a esta última por buscar un final a una conexión que se da muy pocas veces. Curiosamente, cuando quien quiso romper con todo entendió este punto, ya había apartado de su lado a quien no debió alejar y, a día de hoy, me da a mí que ni con calzador conseguirá que el zapato encaje como en su día lo hizo.

Dejando este pequeño apunte de lado, que si bien nos ha servido de modelo para introducirnos en materia no deja de ser un caso puntual, quiero incidir en que en el mundo en que vivimos las relaciones personales no se cuidan como debieran.

Puede ser que el que yo acabe de ver una película como es “Truman” (la cual aprovecho para recomendar encarecidamente) me tenga en este momento con el sensible subido. O puede ser que en realidad crea que somos muy gilipollas cuando la cagamos de tal modo que lo importante pasa a segundo plano y nos ponemos los primeros sin darnos cuenta de que por el camino del yo nos dejamos un nosotros que nos hace mejores, que nos completa.

Supongo que todos volvemos atrás en nuestra mente de vez en cuando. Y hoy me ha dado por pensar que quizás si a ese amigo con el que tuve un conflicto estúpido hace años que acabó enfrentándonos le ocurriese algo grave en el presente y yo no estuviese, me sentiría como un pedazo de mierda muy grande. Hoy me ha dado por pensar que nunca he tenido la oportunidad de decirle a aquella novia con la que terminé tan mal que posiblemente nuestra relación estaba viciada y por eso nos dijimos e hicimos cosas de las que seguro nos arrepentimos, cosas que debimos ahorrarnos para simplemente tomar cada uno su camino, y que espero y deseo de corazón que todo le vaya bien y que encuentre la felicidad que, como todos, persigue. Me ha dado por pensar que casi nunca le digo a mis padres lo importantes que son o a mis hermanos que me dan la vida y que yo daría la mía por ellos. Me ha dado por pensar que debería gritar a los cuatro vientos lo afortunado que soy por tantas personas magníficas que forman parte de mi vida; y no solo aquellas con las que voy a beberme unos vinos un día entre semana o los que comparten equipo de fútbol, sino también a las que veo cada demasiado tiempo o esas que ni siquiera conozco pero consiguen arrancarme carcajadas en alguna red social. Me ha dado por pensar que me gustaría tomarme algo con todas ellas. Y me ha dado por pensar que haría lo imposible por retroceder en el tiempo unos meses y hacer las cosas de otro modo.

Sí… Cuando me da por pensar me pongo pesado, es verdad.

En fin… No sé qué pasa. No sé a qué ha venido este arrebato. Pero necesitaba soltar. Y decir que tenemos que cuidar más las relaciones con los demás. Joder, tenemos que cuidarlas mucho, porque al final todo lo demás importa menos que nada. Todo lo demás son accesorios. Y en la vida los accesorios son solo eso, adornos que lucen pero que no son nosotros.

Solo eso. No son nada más.

Perdonad este texto si es un poco un caos y por momentos el hilo se pierde. Está escrito por un impulso repentino y ni siquiera me apetece releerlo. Ni revisarlo. Porque también es cierto que estoy seguro de que todo lo que está escrito, lo quería decir. No sé si elegí la mejor maneras, pero el contenido es real. Así que ahora buscaré una foto y lo colgaré sin más.

Ya en otro momento seremos más metódicos, ¿de acuerdo?

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Perdón por la chapa. ¡Abrazos!