Amor, el propio

Lo siento. Me enfadan esas actitudes. Las de no saber quererse. Las de las personas que no ven más allá e insisten en lo mismo, todo el tiempo, de cualquier manera.

Me refiero a la gente anclada a “alguien especial”. Que no es malo… Salvo que para ese alguien tú no seas más que una carta de su baraja, más bien un entretenimiento pasajero, un rato de su tiempo. Hoy pienso en el caso de una chica que una amistad común me ha comentado. Es la situación de esa persona, pero es que también ha sido alguna vez la de todos. O, al menos, la de muchos. Pero solo la advertimos desde fuera. Y yo (también) he estado en ella…

Dos veces. Dos he creído que no había alguien igual en el mundo. La primera es comprensible, pues fue mi primer amor, y todos sabemos lo que es eso: descubrir cosas nuevas, vivir sensaciones hasta entonces desconocidas, desplegar las alas que no sabías que tenías… Todos tenemos un primer amor. Ése que normalmente no sale bien. La juventud, la inexperiencia, la inseguridad… Lo bueno de esta aventura es que, una vez pasado el tiempo, solemos sonreír cuando miramos hacia atrás, por la ternura que te inspira. La otra persona, y ese joven tú.

Luego está esa persona. La que aparece cuando ya has alcanzado cierta madurez. El amor de tu vida hasta que se demuestre lo contrario. Y a pesar de que las probabilidades de éxito son mayores, tampoco tiene por que acabar en triunfo. Ahí entran determinados factores a tener en cuenta. El más importante se llama reciprocidad. Me explico, porque aquí radica todo. Habitualmente hay alguien que, por decirlo de algún modo, toma las riendas de la relación. Marca un compás y la otra mitad camina a su lado. Cuando eso ocurre, genial, pero cuando no pueden pasar dos cosas: que uno se dé cuenta de que no marcha y decida parar o que estés cegado y sigas adelante. Éste es el caso que me pone de mal humor. El de la no reciprocidad.

Justificamos cualquier cosa y siempre disculpamos actitudes que para otros (generalmente nuestras amistades y/o familia) no son correctas. Inclusive dándonos cuenta, seguimos empeñados en que ésa es la persona adecuada, la que queremos, la que nos va a hacer felices. Aunque vivamos en nuestras propias carnes desencuentros, advirtiendo que no se nos da el lugar que nos corresponde, o el valor que tenemos. Eso sí, a la otra parte le interesa tenernos ahí, por eso de jugar con red. Y nosotros nos mantenemos en nuestros trece. “Ha sido mágico”, pensamos, sin tener en cuenta el tiempo verbal que usamos. Y se extiende en el tiempo, como un chicle que se puede estirar hasta el infinito sin que se rompa, creemos que vamos a hacerles cambiar de parecer y que las cosas volverán a ser como en ese momento puntual. ¿Y sabes? No. No lo va a ser porque ya ha dejado de ser natural; no lo va a ser porque el esfuerzo de uno será el que tienen que hacer dos; no lo va a ser, y si lo va a ser, será porque otras opciones (oh, sí, otras opciones, no nos escandalicemos, porque en el 90% de los casos es así y lo sabemos aún negándolo) no le han salido como esperaba.

Una vez escribí que mientras tú estás pendiente de alguien que a su vez lo está de otra persona, existe una tercera pendiente de ti. Solo que no vamos a tener la oportunidad de descubrir si merece la pena mientras tengamos en nuestra mente a ésa a la que idealizamos constantemente. Que yo tampoco creí, en su momento, que algo pudiera ser mejor (incluso igual) con otras personas que vinieron después de aquellas dos “grandes aventuras”. Y me equivocaba. Mucho. Muchísimo. Aunque durante mucho tiempo me costó verlo.

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Solo me queda decir que toda pasión empieza por uno mismo, que el amor propio debe ser el primero, de manera que quien camine luego contigo no lo haga adaptándose a ti o modificándose. No. Que sea porque de verdad te acepta, y no tiene una lista en la que eres la tercera, segunda o, poniéndonos en lo mejor, primera opción, sino que carezca de lista, y solo haya una opción para sí, que es la tuya, que eres tú. Está en tu mano insistirle a quien no te cuidó o abrirte y hacerte visible para quienes apuesten solo a una carta contigo. Sin ases en la manga ni trucos de trilero.

 

PD: este texto está incluido (ligeramente modificado) en el libro “Cartas a Destiempo”. Disponible, aquí: https://www.amazon.es/Cartas-destiempo-Jacobo-Correa/dp/8491601228

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