Detrás del miedo

Veinte años no es nada, cantaba Carlos Gardel. Pero vaya si lo son. Lo son cuando te dejas mil cosas por el camino. Veinte años, o veintidós en este caso. El que es mi caso. Si la salud nos respeta veinte años pueden ser prácticamente un cuarto de nuestra existencia. Pero si no somos tan afortunados pueden ser un tercio. Quizá la mitad. O pueden ser incluso menos, que nunca se sabe. La vida no pregunta.

Veinte años se van en un suspiro. Aunque también pueden parecer una eternidad. Porque todo es relativo. Porque aunque seguramente yo no haya dejado de hacer cosas, me he perdido demasiado. Veinte años regateando al miedo son mucho más que veinte años. La vida entonces deja de medirse en tiempo, para pasar a hacerlo en experiencias vividas u oportunidades desaprovechadas.

Llegué a casa ya de noche. Me senté a digerir la experiencia del día. Liberar la tensión en el sofá dio paso a un severo dolor de cabeza. Así, opté por ese remedio que es para mí una ducha hirviendo. No sé por qué me gusta tan caliente. Pero desde siempre, ahí, alejado de todo, he sido capaz de ordenar mis pensamientos y entender mis estados de ánimo. Fue entonces cuando tomé conciencia. Inmediatamente me sentí absolutamente liberado y el agua comenzó a mezclarse con mis lágrimas. Que veinte años no son nada, dicen. Y una mierda en este caso. Veinte años limitado…

El miedo es un hijo de puta. Y el miedo al miedo es el padre cabrón de ese hijo de puta. Porque tener miedo es algo inevitable. Te ocurre, en un momento u otro. Por un motivo u otro. Es natural, hasta sensato según la coyuntura. Pero anticipar ese miedo porque ya tu cabeza imagina que lo vas a sentir, eso ya tiene otro nombre.

A veces hay experiencias que te marcan. Las negativas, sobre todo, se graban a fuego. Y una de ellas consiguió bloquearme un día. Desde entonces traté de convencerme de que algunas cosas no son tan importantes. De que conocer otros lugares no es tan importante. Visitar a mis allegados o amigos que están lejos, no es tan importante (al fin y al cabo, suelen regresar cada cierto tiempo). Soñar no es tan importante. Y dejé de viajar en avión, con lo que esto supone cuando vives en una isla, alejado de demasiados sitios.

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Hay algo que debemos tener presente. El miedo hace que no seas tú al completo. El miedo te transforma en una versión menor de ti mismo. Todos tenemos miedo a algo. Puto miedo, en mi caso, a volar. Puto miedo a cambiar de trabajo. Puto miedo a pedirle el teléfono a esa persona que te mola. Puto miedo a ser sincero con un amigo por no molestarle. Puto miedo a mandar a la mierda a quien no te merece. Puto miedo a hablar en público. Puto miedo a dar un paso adelante. Puto miedo a decir te quiero cuando toca (muchas veces lo hacemos tarde). Puto miedo a fallar. Puto miedo a que te digan que no. Puto miedo a salir de la zona de confort. Puto miedo. Puto miedo.

Recientemente vi un vídeo en el que Will Smith explicaba que las mejores cosas están al otro lado del terror. El pánico nace a partir de nuestro instinto de supervivencia. Es un regalo de nuestros antepasados. Es un estado que los ponía en alerta y los preparaba para huir si por necesidad procedía. Y nosotros, de algún modo, lo hemos heredado. Sin embargo, nuestro conocimiento es más amplio. ¿O acaso yo no sé que el avión es el medio de transporte más seguro que existe? Racionalmente es absurda mi fobia. Pero es que el terror tampoco es racional. La clave está en esa frase de Will Smith y si realmente quieres alcanzar las mejores cosas.

Si la respuesta a esa cuestión es afirmativa, existen medios para ello. Por ejemplo, no pasa nada por ponerte en manos de un especialista. Yo llevo meses en terapia. Mi psicólogo se llama Sergio. Es un fenómeno. Cuando entré por primera vez en su consulta estaba aterrado. El solo hecho de hacer partícipe a un desconocido de mi problema ya me creaba angustia. Poco a poco ha sabido reconducir la situación. ¿Saben por qué? Porque se dedica a eso. Porque es un profesional de los problemas mentales. Ir a un psicólogo no significa estar loco. Y no debería dar vergüenza. ¿Acaso no vas a un médico cuando te resfrías? Esto es lo mismo. Si la materia gris te está poniendo obstáculos, intenta solucionarlo.

Y por supuesto, tampoco pasa nada por apoyarte en la gente que se preocupa por ti. Que fijo que la hay. Fíate de quien te quiere. De quien te quiere de verdad. De esas personas a las que les dices que te apetece verlas y las ves, porque ellas hacen para que así sea. A las que les propones un plan y cumplen. Filtra. Esos que son un sí, para luego ser un ya veremos y al final acaban siendo un no cuando les surge algo mejor, descártalos. Al menos para cosas serias. Yo tengo suerte. Cuando le comenté a Sergio, en nuestra última sesión, que iríamos once personas en el vuelo, me contestó que a mí deben quererme mucho. Seguramente sí. Posiblemente más de lo que merezca. Se trata de algo acojonante. Todos tenemos colegas o familia que desean lo mejor y están si es necesario. Permanece atento a quien te quiere de verdad. Y pídeles que te echen un cable. Joder, ¿no lo harías a la inversa? Que tampoco es malo dejarnos salvar alguna vez. Ojo, no quiero decir que nos acostumbremos. Solo que analicemos, y que aunque seamos nosotros quienes tengamos que resolver nuestros propios problemas, nos abramos, que no va a venir mal. Yo no sé si hubiera sido capaz de conseguir lo de hoy sin ellos. Sinceramente, pienso que no. Y no creo que sea menos digno por admitirlo. Fue grandioso ver sus rostros de satisfacción, de alegría, cuando lo logré.  Bueno, cuando lo logramos. Ellos son tan sencillos que no se ponen medallas. Pero la realidad es que lo hicimos juntos.

Yo sé que me queda mucho camino por recorrer. Lo de hoy no ha sido más que un asalto. Y esto es una carrera de fondo. Algo que me va a llevar mucho tiempo normalizar. ¿Pero saben qué? Me voy a la cama mucho más feliz. Porque he sido capaz de mirar a los ojos al miedo. Y le he dicho que ahora no le va a ser tan fácil. Que llevo tiempo preparándome para hacerle frente. Porque, sencillamente, quiero dejar de perderme todo eso que se esconde tras él.

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2 comments

  1. Ray · diciembre 20

    Próximo puto miedo a superar?
    Me apunto

    Le gusta a 1 persona

    • JacoCorrea · diciembre 20

      Tengo que pedir un teléfono… Jajajajajjaa. Sobre esto, llegar a la península, ¿no? 😉

      ¡Y gracias again!

      Me gusta

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