Irrepetibles

Hace no mucho leía en la red social de un periódico una carta de una lectora que reflexionaba sobre todas esas personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, independientemente del momento, pero que dejan una huella imborrable, que permanecen en nuestro corazón. Y si bien es cierto que casi todo era positivo, daba a entender que muchas veces se da que luego continuamos con nuestra existencia y esa conexión no siempre se prolonga en el tiempo.

No sé si es el ritmo de vida que llevamos, los objetivos que nos marcamos y no nos permiten bajar la guardia o directamente la forma en la que interpretamos la realidad de estos tiempos, pero pensar que podemos dar con seres tan especiales, capaces de cambiarnos, de enseñarnos, de reconstruirnos, de sanarnos, de impulsarnos, y después poder llegar a perderlos en un mar de gente, es absurdo. Porque por mucho que permanezcan en nuestro recuerdo, en lugares o en canciones, que ahora entendamos la vida de otro modo por su culpa bien merece un reconocimiento y diría que hasta un compromiso para con ellas o ellos y para con uno mismo o una misma.

En una sociedad en la que (desgraciadamente) prima el individualismo, no es habitual encontrar personas que eligen entregarnos su tiempo (siempre digo que nada hay más valioso), sus ganas e incluso, en ocasiones, su corazón.

Supongo que a medida que me hago mayor entiendo la vida de otra manera. Dice El Chojin en una de sus letras que no sabe quién se ha inventado eso de los años y que no envejece, sino que se descubre. Estoy de acuerdo. Durante mucho tiempo creí que nuestro círculo cercano debía responder a unos patrones estándar y yo mismo acotaba rangos en diversos criterios. Hoy funciono de otro modo, sabiendo que tal vez no vea venir a esa persona de donde creo que lo va a hacer ni en los tiempos vitales en los que lo puede hacer. Y si otrora debía encajar en según qué estándares, la experiencia me dice que lo irrepetible es precisamente eso, irrepetible. Y las personas irrepetibles, lo son aún más si cabe. Por eso estoy más atento.

La experiencia me dice que vida no nos da tantas oportunidades como creemos. Y que en realidad no hay tantas personas así. No hay amistades sinceras y desinteresadas en cada esquina. No hay amor real e incondicional en cada esquina. No hay paz, ni luz, ni calidez, ni respaldo, ni refugio, ni apoyo en cada esquina. No es lo mismo alguien que te quiere por cómo les haces sentir que alguien que te quiere por lo que eres. El segundo caso es menos común. Y es de lo que va todo esto.

Así que presta atención cuando el destino ponga en tu camino a una persona buena que te aporte, que te valore, que te cuide, que quiera desinteresadamente, que elija estar a tu lado también cuando no tienes nada que ofrecerle. Que esta era del autocuidado (hago hincapié en la interpretación que se hace hoy en día de este término) egoísta ya nos lo complica todo demasiado.

Deja un comentario