Memoria

Aquella bofetada me costó un lustro. Mi orgullo dañado levantó un muro de piedra que no dejó pasar una palabra. Él, que ya tuvo mi carácter antes mi existencia sabía a ciencia cierta que las cosas serían diferentes a partir de ese momento. Aun doliéndome del golpe, caminé escaleras arriba y arremetí contra lo primero que vi a mi paso. Una papelera inservible desde entonces, un trozo de madera convertido en dos. Pero hablamos solo de cosas materiales que poco importan a la hora de la verdad, objetos sustituibles, complementos que llenan espacios vacíos, cosas… Habíamos discutido por la que entonces era mi novia. Yo, joven, justificaba actitudes que a ojos de mi abuelo no eran correctas. Yo, centro del mundo, con un ombligo que ocupaba tanto que ocultaba a mi vista todo aquello que me rodeaba, y ella, idolatrada por la ceguera que provoca el primer amor, contra la tozudez un hombre rudo que entendía la vida desde el sacrificio y la rectitud de quien tuvo que construir con sus manos luego llenas de cicatrices un futuro para una familia en un hogar que no era el suyo. Mi ego y la suficiencia de los 20 años apartando de mi lado a quien tuvo mi sangre antes que yo.

Pasaban los años y nuestras miradas se evitaban si coincidíamos, cada uno por su lado y un saludo forzado que solo se daba cuando alguien nos veía. A solas con mi abuela las noches de tormento él confesaba sentirse culpable, y una vez lo supe en lugar de decirle que ya bastaba, hinché mi pecho para salir victorioso por la puerta de la nada y ser aplaudido por el silencio de todas aquellas personas que no sabían de una historia que nunca se contó. Así, más importante yo que las arrugas del tiempo en la piel de un hombre en el ocaso de su presencia. Notable alto en suspenso para mí si nos cruzábamos sin testigos, la cara de quien cree ganar sin saber que va perdiendo.

Llegaron los tiempos oscuros. Un señor con bata blanca anunciaba que su memoria comenzaba a fallar y que la lucidez iría menguando. Aquella roca que un día nos sostuvo a todos sentía de pronto barro en los zapatos y resbalando en cada paso decrecía su brillo. El niño altivo entonces había dejado paso a un joven arrepentido que tirita en mano buscaba aquel lugar donde se produjo la herida, perdido en una piel que ocultaba el corte pero que seguía sangrando. Caminando sin rumbo en el remordimiento. Aquella chica por la que discutieron era pasado desde hacía un tiempo y con todo nunca encontraron el momento para sanar la rotura.

Pero un día cualquiera, seguro hoy de que fue en un momento luminoso en su mente, la sonrisa le comió la cara al verme. Aquel simple gesto tiró por tierra cualquier defensa y derrumbándome devolví el gesto y nos dimos la mano. No como quienes se saludan, sino diferente. Mientras él se apagaba con el tiempo nuestros lazos se hicieron fuertes hasta que perdió su partida, una mañana de mierda después de apretarme el brazo con lo que le quedaba dentro la noche anterior. Carácter indomable, una dosis de malas pulgas que pocas veces asoma y testarudez infinita cuando me sé con la razón confirman que mucho suyo quedó dentro de mi cuerpo.

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Y hoy pido memoria, aquella que se le escapaba por la rendija del deterioro es la que anhelo para no olvidar que a quien le importas no hay que alejarlo nunca de tu vida, aunque no estés de acuerdo con su diagnóstico, a pesar de no entender sus maneras. Memoria, para saber quién discrepa contigo por tu bien, quién se aleja o acerca según el momento, y con quién no tener palabras que hieran. Memoria, para no abusar del egocentrismo, para recordar de dónde vengo y entender que en la vida los aplausos son el cheque en blanco de un presente que quizás tiña de negro un futuro y para acordarme de que tan importante es ser perdonado como saber perdonar. Memoria, para que no me fallen mis amigos por fallarles, para comprender que no siempre tengo la razón y para aceptar que cualquiera en un mal día puede hacer algo que, como aquel tremendo cachetón, no quiso, y descifrar que ello no vale más que todo lo bueno que hay detrás de una persona que te quiere.

Hoy pido memoria…

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